Desde Nueva Delhi, los licenciados en filología española Ira Mathur y Vikash Kumar Singh, nos envían este artículo sobre su primer día en España.
UN VIAJE DE LENGUA A CULTURA
“The ability of the learner to behave both as an insider and an outsider to the speech community whose language he or she is learning depends on his or her understanding of the cultural situation.”
-Claire Kramsch en “Context and Culture in Language Teaching.”
Aprender una lengua extranjera no es tan fácil como la vida misma, y especialmente si se encuentra fuera de contexto de inmersión. Un estudiante de segunda lengua no sólo se enfrenta a una nueva lengua con todas las dificultades gramaticales, fonéticas y pragmáticas, sino también a una cultura totalmente desconocida. No se llega a conocer la cultura a través de los libros, aún menos la cultura con “K”. Por mucho que intentamos siempre tenemos una visión estereotípica de una cultura tan ajena y tan diferente.
Al ser los estudiantes de la filología hispánica siempre queríamos conocer esa cultura tan diferente y tan atrayente que nos pusimos a leer los artículos de José Cadalso y la novela “La tesis de Nancy” de J. Sender hasta que en el verano de 2003 tuvimos la suerte de poder venir a España, no sólo para aprender la lengua, sino también tener el primer contacto con el país y su cultura.
Algunos de ustedes nos podrían preguntar ¿qué nos motivó para escribir nuestras experiencias después de tantos años? Y les responderíamos: “¡más vale tarde que nunca!” Sin embargo, nuestro objetivo será compartir algunas (en realidad son muchas) de esas experiencias con ustedes, y en particular con otros tantos alumnos indios que no han tenido esa suerte de conocer esta cultura con el fin de evitar el choque cultural e ir más allá de los tópicos.
Aunque parezca que haya pasado tanto tiempo y que todo hubiera quedado borroso en nuestra memoria, nos parece que acabamos de vivir esas experiencias. Si no nos ha perdido nuestra razón, era la última semana del mes de junio cuando empezamos nuestro viaje a la tierra de “Quijote”. Aunque nuestro destino era lo mismo, es decir, Madrid, la capital; el trayecto que escogimos era distinto. Yo y mi hermana venimos vía Londres y mi amigo vía Moscú. La sensación misma de poder ver la gente española dentro de poco y comunicar con ellos en español era magnífica. Todavía nos acordamos tener esa mirada perdida cuando llegamos al aeropuerto. Como nosotros ya había hecho nuestra tarea de buscar toda la información necesaria y al tener la capacidad de poder comunicar en español (aunque mi hermana sólo sabía decir ‘qué tal’ y ‘gracias’), no encontramos ninguna dificultad en desplazarnos desde el aeropuerto. Yo y mi hermana teníamos el alojamiento (que ya lo había reservado de antemano) en un alberque que estaba cerca del metro Ópera, y a mi amigo vinieron a escoger sus amigos madrileños. Antes de partirnos decidimos a quedar el día siguiente para empezar nuestra visita de la ciudad, y qué lugar habría sido mejor que el Museo del Prado como un punto de encuentro en una ciudad tan grande con tantas calles y tantos edificios para poder perderse fácilmente.
Así fue, nos quedamos en el Museo Prado y empezamos nuestra visita. Por pequeño sólo conocía a España por “Don Quijote” y otros grandes artistas como Picasso, Velázquez, Goya, Dalí, etc. La visita del Museo Prado y el Museo de la Reina Sofía nos quedó sin palabras. Estábamos impresionados al ver las pinturas de Picasso y Velázquez cuyas pinturas nos habíamos visto en las clases de lengua extranjera. Creemos que en ese momento se nos grabó en nuestro corazón el nombre de esa ciudad tan bella.
Madrid no sólo es famoso por sus museos, sino también por sus bellas fuentes y plazas, y en especial el Parque de Buen Retiro, con sus palacios y su lago donde pasamos mucho tiempo bajo un árbol en esa tarde calurosa y húmeda. Apenas habíamos pasado 24 horas y ya estábamos cogiendo la costumbre española de echar una siesta por la tarde. Era tan agradable pasar unas horas allí, escuchando la música al aire libre. Por cierto se puede encontrar un gran número de músicos tocando la guitarra u otros instrumentos por las calles o en el metro. Y lo más sorprendente fue el hecho que la mayoría de esos músicos eran inmigrantes. ¡Qué alegría encontrarnos en un país donde había una inmersión total de la gente de otro país y de otra raza! Todo esto la hace una ciudad llena de encanto y con gran riqueza cultural.
Ya eran las 2 de la tarde y empezamos a echar de menos nuestra comida, es que teníamos hambre. Así decidimos a ir a un restaurante típico para comer la paella española con el vino. Como cualquier guiri nosotros también llegamos a un restaurante típico y turístico: El Museo de Jamón. Aunque el ambiente resultaba un poco incómodo al ver las patas de jamón colgando por todas partes. Menuda sorpresa, cuando intentamos entender la costumbre de comer tres platos (en India, normalmente, comemos sólo un plato) y seguir un menú del día. Ya que el menú salía un poco más barato, decidimos aprovechar de ese sistema de comida. Por fin teníamos en frente de nosotros las comidas típicas españolas: gazpacho, paellas y tortilla de patatas. Sin duda, nos echamos de menos mucho nuestros especias, ojala pudiéramos echar un poco de especia sobre esta comida. Esto no quiere decir que no nos había gustado la comida española, es que todavía no estábamos acostumbrados de esa comida. Pero sí, nos gustaría añadir una cosa - ¡gracias a dios por introducir a los españoles el ‘tabasco’!
Después de la comida seguimos con nuestro rumbo, buscando las calles en el plano. Estamos de acuerdo de que era más fácil buscar una calle en Madrid que Nueva Delhi (India). Y lo que más nos gustaba era encontrar las calles y los edificios tan limpios en comparación con las calles indias, pero uno de los grandes misterios que jamás hemos podido entender ¿por qué algunos tiraban toda la basura por las calles o en los jardines después de comer las pipas? Y ¿si los bares y restaurantes disponen de basurera por qué se tiran los pitillos y las servilletas en el suelo?
Sin pensar más en todo esto nosotros seguimos con nuestra búsqueda de la calle que nos llevaría hasta el Palacio Real. Dando las vueltas por la Calle Huertas (quedamos alucinados paseando por esta calle que tenía los fragmentos literarios de Calderón o Tirso de Molina, etc. escrito en la calle), y muerto de cansancio decidimos a preguntar a alguien. Por fin encontramos a un grupo de españoles que iban muy bien vestidos. Sin darnos cuenta de que en ese grupo había una chica que se iba a casar, les preguntamos la dirección (con toda nuestra educación que habíamos recibido les dirigimos con “ustedes”, pero ellos insistieron que les tuteáramos, que a nosotros nos parecía una falta de respeto). Al conocernos que éramos indios, pero sin plumas, nos invitó a su boda que se celebraba en un catedral al lado del Palacio Real. Así asistimos a una boda española durante nuestro primer día de viaje. Ahora todo parece como un cuento hadas. Los madrileños saben disfrutar la vida plenamente. Después de la boda se montaron una fiesta fuera del catedral y todo el mundo bailaba y gritaba. Menuda sorpresa, vimos el cura con una botella de cerveza bailando con la pareja. Todo esto nos resultaba chocante ya que en India la figura del sacerdote o del cura es muy religiosa y seria. Sin embargo, nosotros decidimos olvidar todo esto rollo, y empezamos a sacar fotos. ¡Qué alegría de la vida! Parecía que la vida no es nada más que disfrutar plenamente y olvidar todos nuestros problemas. Parecía que por un momento habíamos olvidado todo…en ese día soleado de verano, el tiempo también nos acompañó…eran las 8:30 y el sol no pensaba a desaparecer.
Era casi de noche. La noche española ofrece una vida incomparable para todo el mundo. Cines, teatros, clubes nocturnos, ballet, ópera…La variadísima vida nocturna nos estaba esperando con sus tentaciones. Después de tomar café en una de las terrazas de la Plaza Mayor decidimos dar un paseo por la ciudad. Aquí la juventud española tenía más libertad que mi país. Era la noche de viernes y las calles estaban llenas de una multitud de jóvenes. ¡Qué diversión! Todo el mundo hacía lo que quería, no estaba prohibido nada, con una copa de cerveza o “calimocho” y la música ambulante de coches se lo pasaba de puta madre. Nosotros teníamos tanta envidia, ¿por qué no tenemos tanta libertad en la India? ¿Por qué tenemos que recordar las “buenas” palabras de nuestros padres? ¿Quién decía que no se puede encontrar un “camello” en la ciudad? Durante nuestro recorrido por la noche habíamos pasado por varios “camellos”. No sólo esto con todo jaleo de la música en un bar, vimos a unos bebés durmiendo en sus cochecitos, al lado de sus padres. Y nosotros preguntábamos, ¿qué hacía un niño allí? Suponemos que la respuesta inmediata sería que están aprendiendo a ser “sociables”.
No son las únicas anécdotas, aquí hemos intentado presentar unas para empezar este proceso de intercambio de experiencias para evitar el choque cultural (que nosotros entendemos que es normal tener estos choques culturales durante los primeros días en un país distinto que del tuyo), e ir más allá de los estereotipos. La variedad de sitios y de ocio es tentadora. Estamos seguros que a cualquier de vosotros que venga a esta ciudad le encantará. Todo lo que les hemos contado es una experiencia de un día, un día en una ciudad tan viva, tan movida.
Por último, queremos dar nuestro sincero agradecimiento a la AECI-MAE por su apoyo para darnos tantas oportunidades a conocer este país tan hospitalario.
Por IRA MATHUR Y
VIKASH KUMAR SINGH.
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