Ashwini Ganeshan, licenciada en Filología Hispánica en Nueva Delhi, nos envía este artículo sobre su primer día en España.
La India en España
“¡Así que esto es España!”, pensé mirando desde el avión los campos marrones y secos, comparándolos con la vista de la ciudad de Chennai (1) bañada en la luz blanca de la luna y después de la vista de los campos verdes y frescos cerca de Frankfurt (2) . “No pasa nada”, intenté convencerme, “A fin y al cabo esta es la tierra de Don Quijote, es un lugar de la Mancha. Seguro que tiene su encanto como cualquier otro lugar del mundo”.
Tuve la segunda sorpresa en el aeropuerto. Al salir esperaba ver una gran muchedumbre, familias (en el sentido indio de la palabra, es decir, padres, hermanos, abuelos, tíos, primos, sobrinos y, por supuesto, amigos) esperando a sus seres queridos con flores y cámaras, esperando al hijo pródigo o a la hija pródiga que ansía volver a casa en el extranjero porque es un NRI (3) (léase: el privilegiado) en casa. La escena típica de cualquier aeropuerto indio. Pero por favor créeme cuando te digo que apenas había 10 ó 15 personas allí esperando. No te equivoques. Sí que había bastante gente en el aeropuerto pero sólo 10 ó 15 esperaban a alguien. Los demás estaban ocupados, esperando su avión, leyendo el periódico, escuchando música, hablando por móvil... Sin embargo, en toda esta situación tan desconocida para mí, encontré algo que reconocí: un hombre sujetando en sus manos un cartel con el nombre de un pasajero. No tenía mi nombre pero era una imagen conocida para mí, una imagen que se ve en cualquier aeropuerto indio y me reconfortó.
Ahora que tenía un poco más de confianza me pregunté cómo seguir, qué hacer, dónde ir… En momentos de confusión y ansiedad lo mejor es recurrir a las sabias palabras de los mayores. Así que saqué de mi mochila la nota de instrucciones que me había escrito mi padre y repasé la lista que empezaba, ‘No sonrías a desconocidos, no hables con desconocidos, cuando tengas problemas acude siempre a otro indio que viaje contigo porque seguro que él será, en algún modo, tu pariente distante o conocerá a alguien de tu amplia familia’, hasta que llegué a ‘Al salir del aeropuerto pide a una mujer que te acompañe al metro’. Mi padre y yo, como indios, y probablemente como muchos otros indios, suponíamos que alguna mujer amable no sólo me ayudaría hasta el metro sino hasta la estación de Sol donde había quedado con una amiga española. La mujer ‘amable’ a la que me acerqué me indicó la oficina de información y siguió su camino. La mujer en la oficina de información tampoco era muy amable, fue simplemente correcta. Me dio un plan de metro y me dijo que siguiera el panel hasta llegar al metro. Y funcionó. No tuve que parar a preguntar otra vez a nadie nada. Esto me sorprendió y me sigue sorprendiendo, que aquí todo el mundo habla de comunicación pero cada día se busca maneras de evitar la comunicación entre humanos con la excusa de hacer la vida más fácil.
En todo caso, como dije antes, funcionó. Llegué al metro sana y salva, compré el billete y subí al metro para ir a Sol. Me costó entender dónde cambiar de metro pero después de preguntar por lo menos 15 veces, bajé en Sol. Aunque la gente nunca paró a hablar conmigo, unas 3 ó 4 personas me ayudaron con mi equipaje, una maleta enorme, claro, para llevar al regresar, regalos para la familia (como antes en el sentido indio de la palabra).
Durante el viaje en el metro noté que en Madrid había numerosos extranjeros. Ahora sé que son inmigrantes y muchísimos de ellos son indios. Lo curioso es que no me hablaron y yo tampoco les hablé, en contra del consejo de mi padre.
Salí en Sol y busqué el punto donde habíamos quedado. Y allí estaba. Desde el momento en que vi a mi amiga esperándome en el punto kilómetro cero en Sol me fue todo mucho mejor, sentí como si alguien me hubiera salvado. Primero dejamos mi maleta en su piso y después fuimos a dar un largo paseo. Durante el paseo y durante la cena (comimos la famosa y estereotipada paella; aunque la llaman el biryani (4) español, no lo creas), le comenté todo lo que me había pasado y ella intentó explicarme todo. Nos reímos mucho de lo ocurrido. Desde aquel entonces me han pasado varias cosas, he vivido innumerables situaciones, he experimentado diferentes sentimientos y he aprendido mucho. No obstante el 30 de septiembre de 2006, mi primer día en España quedará en mis recuerdos para siempre.
(1) La ciudad capital de un estado sur ‘Tamil Nadu’.
(2) Tuve que cambiar de avión en Frankfurt.
(3) Non resident Indian (indio no residente: se refiere a los indios que viven fuera de India).
(4) Un plato indio hecho con arroz, carne, pollo, legumbres y muchas especias.
Por Ashwini Ganeshan.
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