(Selección comentada de poemas pertenecientes al libro de Pablo Neruda, Los versos del Capitán, de 1951.)
HISTORIA Y POESÍA DE LOS VERSOS DEL CAPITÁN
En 1952 el italiano Paolo Ricci edita un volumen anónimo de versos titulado La nave del capitán en una edición limitada de 50 números, cada uno con el nombre de un suscriptor. Como único prólogo del libro aparece una carta firmada por una tal Rosalía de la Cerda y escrita en La Habana, Cuba, explicando que envía al editor Paolo Ricci una serie de poemas que había escrito para ella un excombatiente del bando republicano en la Guerra Civil Española. El soldado y ella, que hacía una gira como artista en la frontera entre España y Francia, se habían conocido al finalizar la guerra y habían vivido una historia de amor cuyo testimonio son los poemas que forman parte de Los versos del capitán.
Este prólogo, completamente falso en cuanto a datos históricos, fue inventado por Pablo Neruda - o quizá por su pareja de entonces, Matilde Urrutia - porque en aquel momento el poeta prefería mantener el anonimato del libro: “... revelar su progenitura era desnudar la intimidad de su nacimiento.”, dijo años después, “Y no me parecía que tal acción fuera leal a los arrebatos de amor y furia, al clima desconsolado y ardiente del destierro que le vio nacer.”
Cuando habla en esta cita de destierro, de amor, de furia y de clima desconsolado y ardiente, se refiere a los años 1951 y 1952, en los que el poeta tuvo que vivir desterrado de Chile, donde gobernaba el tirano González Videla. Estuvo viviendo en distintas ciudades de Europa y, durante este tiempo, los encuentros con Matilde Urrutia, hasta entonces amiga y amante ocasional, se multiplicaron. La intensidad de sus sentimientos aumentó y tras una breve estancia en la isla de Capri formaron pareja hasta la muerte del poeta.
El libro Los versos del capitán no es, por tanto, el testimonio de un soldado republicano enamorado de una artista de la frontera, sino el reflejo de los inicios de la relación amorosa entre Neruda y Matilde, el dolor de sus separaciones, el placer de sus encuentros y la necesidad y dificultades de conjugar amor con la militancia política del poeta.
Neruda dividió el libro en siete partes. Las cinco primeras se titulan “El amor”, “El deseo”, “Las furias”, “Las vidas” y “Oda y germinaciones”. A continuación sigue un largo poema, llamado “Epitalamio”, que significa “poema escrito para celebrar una boda”, y, por último, el poema más largo, “La carta en el camino”. La clave de la estructura de este libro está en el poema “Epitalamio”, canto de bodas. En él celebra el poeta la unión con su amada, que ha pasado previamente por las cinco etapas de noviazgo descritas en cada capítulo. Celebrada la unión, el último poema, “La carta en el camino”, es el poema de la separación, contrapunto necesario a todo enamoramiento.
A continuación ofrecemos una pequeña selección de textos. La primera parte, “El amor”, es la que contiene más poemas, la mayoría dedicados a la descripción de la amada y del sentimiento amoroso. El amor es, en esta primera etapa, refugio y fuente de energía para el poeta.
EN TI LA TIERRA
Pequeña
rosa,
rosa pequeña,
a veces,
diminuta y desnuda,
parece
que en una mano mía
cabes,
que así voy a cerrarte
y a llevarte a mi boca,
pero
de pronto
mis pies tocan tus pies y mi boca tus labios,
has crecido,
suben tus hombros como dos colinas,
tus pechos se pasean por mi pecho,
mi brazo alcanza apenas a rodear la delgada
línea de luna nueva que tiene tu cintura:
en el amor como agua de mar te has
desatado:
mido apenas los ojos más extensos del cielo
y me inclino a tu boca para besar la tierra.
LA REINA
Yo te he nombrado reina.
Hay más altas que tu, más altas.
Hay más puras que tú, más puras.
Hay más bellas que tú, hay más bellas.
Pero tú eres la reina.
Cuando vas por las calles
nadie te reconoce.
Nadie ve tu corona de cristal, nadie mira
la alfombra de oro rojo
que pisas donde pasas,
la alfombra que no existe.
Y cuando asomas
suenan todos los ríos
en mi cuerpo, sacuden
el cielo las campanas,
y un himno llena el mundo.
Sólo tú y yo,
sólo tú y yo, amor mío,
lo escuchamos.
EL INCONSTANTE
Los ojos se me fueron
tras una morena que pasó.
Era de nácar negro,
era de uvas moradas,
y me azotó la sangre
con su cola de fuego.
Detrás de todas
me voy.
Pasó una clara rubia
como una planta de oro
balanceando sus dones.
Y mi boca se fue
como una ola
descargando en su pecho
relámpagos de sangre.
Detrás de todas
me voy.
Pero a ti, sin moverme,
sin verte, tú distante,
van mi sangre y mis besos,
morena y clara mía,
alta y pequeña mía,
ancha y delgada mía,
mi fea, mi hermosura,
hecha de todo el oro
y de toda la plata,
hecha de todo el trigo
y de toda la tierra,
hecha de toda el agua
de las olas marinas,
hecha para mis brazos,
hecha para mis besos,
hecha para mi alma.
LA INFINITA
¿Ves estas manos? Han medido
la tierra, han separado
los minerales y los cereales,
han hecho la paz y la guerra,
han derribado las distancias
de todos los mares y ríos,
y sin embargo
cuando te recorren
a ti, pequeña,
grano de trigo, alondra,
no alcanzan a abarcarte,
se cansan alcanzando
las palomas gemelas
que reposan o vuelan en tu pecho,
recorren las distancias de tus piernas,
se enrollan en la luz de tu cintura.
Para mí eres tesoro más cargado
de inmensidad que el mar y sus racimos
y eres blanca y azul y extensa como
la tierra en la vendimia.
En ese territorio,
de tus pies a tu frente,
andando, andando, andando,
me pasaré la vida.
AUSENCIA
Apenas te he dejado,
vas en mí, cristalina
o temblorosa,
o inquieta, herida por mí mismo
o colmada de amor, como cuando tus ojos
se cierran sobre el don de la vida
que sin cesar te entrego.
Amor mío,
nos hemos encontrado
sedientos y nos hemos
bebido toda el agua y la sangre,
nos encontramos
con hambre
y nos mordimos
como el fuego muerde,
dejándonos heridas.
Pero espérame,
guárdame tu dulzura.
Yo te daré también
una rosa.
En la segunda parte, “El deseo”, se muestra el elemento instintivo del amor, que no siempre es brutal sino tan sólo primario y visceral. En los tres poemas que la componen, el poeta se identifica con un tigre, un cóndor y un insecto.
EL TIGRE
Soy el tigre.
Te acecho entre las hojas
anchas como lingotes
de mineral mojado.
El río blanco crece
bajo la niebla. Llegas.
Desnuda te sumerges.
Espero.
Entonces en un salto
de fuego, sangre, dientes,
de un zarpazo derribo
tu pecho, tus caderas.
Bebo tu sangre, rompo
tus miembros uno a uno.
Y me quedo velando
por años en la selva
tus huesos, tu ceniza,
inmóvil, lejos
del odio y de la cólera,
desarmado en tu muerte,
cruzado por las lianas,
inmóvil en la lluvia,
centinela implacable
de mi amor asesino.
En “Las furias” el sentimiento del amante es posesivo, quizá por la inseguridad que le provoca ahora la ya reconocida dependencia afectiva con respecto a su amada. Ese afán de control encuentra a veces una oposición en la amante y se desata un conflicto de orgullos.
SIEMPRE
Antes de mí
no tengo celos.
Ven con un hombre
a la espalda,
ven con cien hombres en tu cabellera,
ven con mil hombres entre tu pecho y tus pies,
ven como un río
lleno de ahogados
que encuentra el mar furioso,
la espuma eterna, el tiempo!
Tráelos todos
adonde yo te espero:
siempre estaremos solos,
siempre estaremos tú y yo
solos sobre la tierra,
para comenzar la vida!
EL POZO
A veces te hundes, caes
En tu agujero de silencio,
En tu abismo de cólera orgullosa,
Y apenas puedes
Volver, aún con jirones
De lo que hallaste
En la profundidad de tu existencia.
Amor mío, qué encuentras
En tu pozo cerrado?
Algas, ciénagas, rocas?
Qué ves con ojos ciegos,
Rencorosa y herida?
Mi vida, no hallarás
En el pozo en que caes
Lo que yo guardo para ti en la altura:
Un ramo de jazmines con rocío,
Un beso más profundo que tu abismo.
No me temas, no caigas
En tu rencor de nuevo.
Sacude la palabra mía que vino a herirte
Y déjala que vuele por la ventana abierta.
Ella volverá a herirme
Sin que tú la dirijas
Puesto que fue cargada con un instante duro
Y ese instante desarmado en mi pecho.
Sonríeme radiosa
Si mi boca te hiere.
No soy un pastor dulce
Como en los cuentos de hadas,
Sino un buen leñador que comparte contigo
Tierra, viento y espinas de los montes.
Ámame tú, sonríeme,
Ayúdame a ser bueno.
No te hieras en mí, que será inútil,
No me hieras a mí porque te hieres.
La penúltima etapa, en la que el amor se pone a prueba en la vida, supone, en el caso de Neruda, confrontar a su amada con la militancia política y la ideología progresista. Quiere saber el poeta si la amante quiere y puede y sabe cómo vivir enamorada de un hombre como él.
LA POBREZA
Ay no quieres,
te asusta
la pobreza,
no quieres
ir con zapatos rotos al mercado
y volver con el viejo vestido.
Amor, no amamos,
como quieren los ricos,
la miseria. Nosotros
la extirparemos como diente maligno
que hasta ahora ha mordido el corazón del hombre.
Pero no quiero
que la temas.
Si llega por mi culpa a tu morada,
si la pobreza expulsa
tus zapatos dorados,
que no expulse tu risa que es el pan de mi vida.
Si no puedes pagar el alquiler
sal al trabajo con paso orgulloso,
y piensa, amor, que yo te estoy mirando
y somos juntos la mayor riqueza
que jamás se reunió sobre la tierra.
El último paso antes de la unión definitiva se expresa en una larga oda compuesta de seis germinaciones. En cada germinación se describe cómo los amantes renacen uno dentro del otro, o uno después de encontrar al otro, o uno porque se siente unido y parte ya del otro.
ODA Y GERMINACIONES
V
Hilo de trigo y agua,
de cristal o de fuego,
la palabra y la noche,
el trabajo y la ira,
la sombra y la ternura,
todo lo has ido poco a poco cosiendo
a mis bolsillos rotos,
y no sólo en la zona trepidante
en que amor y martirio son gemelos
como dos campanas de incendio,
me esperaste, amor mío,
sino en las más pequeñas
obligaciones dulces.
El aceite dorado de Italia hizo tu nimbo,
santa de la cocina y la costura,
y tu coquetería pequeñuela,
que tanto se tardaba en el espejo,
con tus manos que tienen
pétalos que el jazmín envidiaría
lavó los utensilios y mi ropa,
desinfectó las llagas.
Amor mío, a mi vida
llegaste preparada
como amapola y como guerrillera:
de seda el esplendor que yo recorro
con el hambre y la sed
que sólo para ti traje a este mundo,
y detrás de la seda
la muchacha de hierro
que luchará a mi lado.
Amor, amor, aquí nos encontramos.
Seda y metal, acércate a mi boca.
El “Epitalamio”, la canción para celebrar una boda, simbólica en este caso, la unión definitiva de los amantes tras vivir por lo menos cinco de las caras del sentimiento amoroso. El fragmento seleccionado describe la unión de los amantes ahora que ya está realizada como si hubiera sido el destino necesario al que ambos tendían desde que nacieron y para el que ambos se han estado preparando.
EPITALAMIO
(Fragmento)
... Nuestro amor ha nacido
fuera de las paredes,
en el viento,
en la noche,
en la tierra,
y por eso la arcilla y la corola,
el barro y las raíces
saben cómo te llamas,
y saben que mi boca
se juntó con la tuya
porque en la tierra nos sembraron juntos
sin que sólo nosotros lo supiéramos
y que crecemos juntos
y florecemos juntos
y por eso
cuando pasamos,
tu nombre está en los pétalos
de la rosa que crece en la piedra,
mi nombre está en las grutas.
Ellos todo lo saben,
no tenemos secretos,
hemos crecido juntos
pero no lo sabíamos...
En el caso de un Capitán, las posibilidades de separarse de su amada vienen siempre de la vida de acción. Dice el poeta: “Mi tierra será tuya, / yo voy a conquistarla, / no sólo para dártela, / sino que para todos, / para todo mi pueblo.” La lucha social, la militancia política suponen el riesgo de separación de los amantes, pero el poeta mantiene que ya están para siempre unidos, que “No he salido de ti cuando me alejo.”
LA CARTA EN EL CAMINO
(Fragmento)
Arañaré la tierra para hacerte una cueva
y allí tu Capitán
te esperará con flores en el lecho.
No pienses más, mi dulce,
en el tormento
que pasó entre nosotros
como un rayo de fósforo
dejándonos tal vez su quemadura.
La paz llegó también porque regreso
a luchar a mi tierra,
y como tengo el corazón completo
con la parte de sangre que me diste
para siempre,
y como
llevo
las manos llenas de tu ser desnudo,
mírame,
mírame,
mírame por el mar, que voy radiante,
mírame por la noche que navego
y mar y noche son los ojos tuyos.
No he salido de ti cuando me alejo.
Copyright © por Hispaviet Derechos Reservados.