(Texto de presentación del Homenaje a Pablo Neruda)
Somos los que somos, ni más ni menos, ni la cantidad sería nuestra fuerza, ni la calidad nuestro poco número. Tanto buenos como malos, con nuestras cualidades e imperfecciones. No tenemos nada que esconder, por eso vamos sin máscaras y ligeros de equipaje. Un día como hoy, se recuerda cómo fue el principio, o uno de ellos. Alguien dijo: “Hagamos un canto”, y el canto se hizo con lo poco que teníamos, paso a paso. El camino nos debe enseñar a conocernos y a que el canto sea más próspero.
En esta tierra virgen que vamos pisando encontramos un poco de todo, pero principalmente más voces con las que juntarnos. Simplemente sólo hay huellas, zapatos y pies. Todos iguales pero que el polvo diferencia. Así es la vida, así somos:
Yo fui cantando errante,
entre las uvas
de Europa
y bajo el viento,
bajo el viento en el Asia.
Lo mejor de las vidas
y la vida,
la dulzura terrestre,
la paz pura,
fui recogiendo, errante,
recogiendo.
Que venga el día nuevo, con el que coleccionar el sol que nos acaricia el corazón en los días más negros, el viento que mece nuestros pesares y trae ese futuro incierto que tanto nos incita, porque eso es el camino, a fin de cuentas sólo hay uno, aunque éste sea un laberinto llamado tecnología, prosperidad o comunicación del que hace poco tiempo formamos parte. De estas cosas poco sabemos. Simplemente hemos comenzado a andar, para saber hasta dónde podemos llegar o hasta dónde estamos dispuestos.
No buscamos reconocimiento, la fama para los artistas, para todos los que la busquen o la merezcan: somos sinceros y humildes, pero decididos y osados. Nuestras intenciones son más simples, pero no por ellos menos valiosas. Si un compañero así lo canta en el pasado, nosotros ahora lo sentimos:
Lo mejor de una tierra
y otra tierra
yo levanté en mi boca
con mi canto:
la libertad del viento,
la paz entre las uvas.
Parecían los hombres
enemigos,
pero la misma noche
los cubría
y era una sola claridad
la que los despertaba:
la claridad del mundo.
Buscamos a otros: parejos, siameses, que aspiren a lo mismo, que caminen con nosotros, con el apoyo y la lealtad más extensos y claros. Buscamos entrar en todas partes sin molestar, sin obligar a que nos escuchen. Allá donde pasemos, allá quedarnos: porque llegar no es el fin de nuestros pasos, sino un viento que queda, un aroma escondido al que cogerse y seguirlo. Venimos tranquilos, con la cara descubierta, que nos vean, que nos sientan a su lado.
Yo entré en las casas cuando
comían en la mesa,
venían de las fábricas,
reían o lloraban.
Todos eran iguales.
Todos tenían ojos
hacia la luz, buscaban
los caminos.
Todos tenían boca,
cantaban
hacia la primavera.
Todos.
Por eso
yo busqué entre las uvas
y el viento
lo mejor de los hombres.
También nosotros buscamos aquello que sobresale, por eso nos damos la mano los unos a los otros en señal de respeto y como amigos. Algunos de nosotros ya pueden estar muertos, vivir en el recuerdo, olvidados otros, escondidos los desconocidos, presentes los que buscan. Ya existimos, somos muchos y más que seremos. Ya nos hemos lanzado como peregrinos. Unos lo fueron toda su vida, y por eso los hemos escogido. Están aquí, los primeros, porque ellos han marcado el camino. Se pueden llamar como quieran son siempre reconocidos. Y hoy, en este año que ya casi termina, queremos honrar a uno inmenso, tan grande como el mundo, tan poderoso como un creador de universos: Pablo Neruda.
Escogemos sus palabras porque son fuente, y es la base de nuestro camino. Hispaviet no quiere gritar, sólo expresarse como otros lo hicieron, bajo un refrán que bien podría servir de lema, de introducción y recuerdo:
Ahora tenéis que oírme.
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